

Push (Pulsar, en español) es un cortometraje de 4 minutos sobre el desastre de la guerra, contado de forma humorística. La temática de la obra no es nueva. En casi todos sus cortometrajes -incluso fuera de ellos- se puede localizar este tema, sea como asunto central u ocupando un segundo plano. Igual que su interés por narrarlo de forma satírica. Y también como Macho (1964), se reserva para el final la sorpresa, sin olvidar la ironía que tanto le caracteriza.
La cinta abre con lo que parece ser un páramo sin vida, ocupando pronto la pantalla un vehículo del ejército manejado por el protagonista, que tiene toda la pinta de ser un soldado o mercenario. Tanto él como su uniforme y vehículo están dañados, por lo que es probable que no hace mucho estuvo en el campo de batalla y no salió indemne. Este mundo da la sensación de que fuera el escenario de esa batalla y el resultado fue este desierto. A continuación, observamos cómo se para en varios puntos. En cada uno hay una máquina capaz de cumplir con distintas necesidades: bebidas, vestimenta, vehículo, mascotas, etc. Todo ello con solo pulsar un botón y elegir la opción que más se adecua a lo que desea.
Más tarde, llegamos a lo que parece ser la morada de Dios. Esto confirma que lo visto anteriormente sería otro mundo, donde parece que es posible crear cualquier cosa en un instante. Aquí hay quien ve una crítica a la excesiva prontitud y comodidad de los avances del mundo moderno. Es cierto. Si hacemos una comparativa con nuestra realidad, podemos ver que cada vez el progreso humano es capaz de facilitar más nuestra vida. Puede que aún no existiera Internet en la época de Tezuka, pero lo cierto es que sería el paradigma de lo que hablo. Con Internet uno es capaz de tener multitud de opciones con solo un par de clics. Poniéndolo en conexión con lo visto en esta obra, el ser humano tiene la sensación de que no hay nada que no se pueda lograr o amañar.
Pero la sorpresa llega cuando nuestro protagonista, ahora presentable, decide aparecerse ante Dios y pedirle que cree una nueva Tierra. Si existen todas esas máquinas podría hacerlo, ¿verdad? Bien, ¿y qué creéis que le contestó? Que era imposible. No hay otra Tierra nueva. Irónicamente, hacen uso por primera vez de la palabra pulsar. Según Dios, el ser humano pulsó el botón equivocado. Y si nos fijamos bien una vez desaparece Dios, el hombre desesperado mira al horizonte. Aquí la cámara cambia el encuadre a uno más amplio y se desplaza para que podamos ver lo que hay: un inmenso páramo fruto de haber utilizado armas de guerra mortíferas. Presuntamente, creo que está claro que se refiere a la bomba nuclear. De ahí lo de “botón equivocado”.
Sin duda, esto también causa una impresión potente en el espectador, quien pese a la ironía utilizada por Tezuka reflexiona sobre este hecho. Vivimos con la idea de que todo tiene arreglo, pero si nos cargáramos el mundo no habría solución posible. Por mucho que avancemos, Tierra solo hay una. A pesar del golpe moral, Tezuka no se contenta y acaba con un “Muchas gracias”, ironizando con que obtuvimos lo que pedimos.
2.5 out of 3 users liked this review