
a review by Bizancio

a review by Bizancio
A pesar de que Moto Hagio es una de las autoras más importantes del Grupo del 24, junto con otras como Ryoko Ikeda o Keiko Takemiya, por sus aportaciones al manga shōjo su extensa obra no ha encontrado un hueco en la extensa producción de anime. La única excepción, por supuesto, es la obra que vamos a reseñar en este momento. Una película que si bien no adapta todo el material del manga, resulta una pieza interesante dentro del mediocre conjunto de mediometrajes y largometrajes de los años 80. No tuvo gran suerte con el estudio porque la animación corre a cargo de Magic Bus. Tampoco con el director, Satoshi Dezaki, que sin ser para nada un mal profesional palidece al lado de las dotes de su hermano. Con todo es una película cuyo planteamiento resulta atractivo al recordarnos a alguna novela de Agatha Cristie con la particularidad de que la acción se desenvuelve en el espacio.
¿Quién es el 11º pasajero? es un largometraje protagonizado por Tadatos y otros 10 aspirantes que buscan entrar a la Academia Galáctica, una institución formativa reservada para la élite. Sin embargo, para superar la última prueba que les imponen los examinadores tendrán que combinar su capacidad de supervivencia y colaboración mientras intentan descubrir quién es el farsante entre ellos. En relación con esto, también se irá revelando el misterioso vínculo entre el protagonista y la nave espacial donde tiene lugar la prueba. ¿Será en realidad el polizón de la nave?
Como ya he dicho, el planteamiento del filme puede que nos recuerde a alguna novela de misterio donde hay un grupo de individuos encerrados con un asesino. La temática espacial, en cambio, nos conduce a pensar en largometrajes como Alien: el octavo pasajero (1979). Realmente ninguno se ajusta perfectamente a lo que se desenvuelve durante sus casi noventa minutos de metraje. El factor "invitado inesperado" lleva a pensar en la existencia de un impostor que busca asesinar al resto de la tripulación mientras oculta su identidad. Pero aquí lo que el "asesino" busca es descubrir si los aspirantes a entrar en la Academia tienen las aptitudes necesarias. Para mí esta particularidad le otorga puntos extra, ya que por lo menos en el anime de la época no hay ningún filme o serie con una idea semejante.
Al estar ante una prueba diseñada por una institución académica es de suponer que el nivel de peligro al que están sometidos los personajes no puede ser muy alto. De lo contrario, los candidatos podrían morir y no les convendría. Sin duda, el botón de emergencia que se presenta desde el inicio ayuda a generar esta idea en el espectador. Si algo sale mal pueden pulsarlo y sobrevivir todos, aunque eso implique el suspenso de todo el grupo. Sin embargo, la autora no cayó en este error porque en el transcurso de los cincuenta y tres días de convivencia ocurren una serie de eventualidades y contratiempos no programados por la Academia y que, por tanto, ponen en riesgo sus vidas. El desvío de la trayectoria de la nave, el virus de las manchas rojas o la posibilidad de que la nave explote sirven para añadir suficiente tensión al relato. En este sentido, el aspecto de supervivencia me parece más que acertado.
Lástima que mi opinión no sea tan favorable respecto al misterio. En un principio, la autora acierta al intentar confundirnos usando la pérdida de memoria del protagonista. El hecho de que conozca la nave nos lleva a pensar necesariamente en que estuvo ahí anteriormente y que los eventos pasados que explican el abandono del transporte tienen relación con él. Gracias a esta maniobra de distracción, el espectador desconfía del protagonista más que del resto. El problema del misterio radica, sin embargo, en la escasez de pistas que nos lleven a descubrir la identidad del impostor. Prácticamente nada de lo que sucede, a excepción de la treta inicial del polizón, sirve para llegar hasta él. Si hubiera ofrecido alguna pista de quien era el telépata nos habrían ayudado, pero no lo hicieron. Observar la inmadurez de algunos personajes, en cambio, ayudó a descartar a varios con seguridad. Pero el impostor se hallaba entre los secundarios que apenas participaron y precisamente no eran pocos. Un misterio debería dar garantías para ser resuelto porque sino no sirve de mucho.
Desde mi punto de vista, la película no escogió el mejor enfoque al hacer un mayor énfasis en el misterio. El verdadero punto clave del filme se encuentra en su mensaje: la necesidad de que todos los pasajeros tienen que cooperar para sobrevivir, a pesar de la desconfianza y las profundas diferencias que los distancian. Una misión que no resulta nada sencilla porque requiere aprender a confiar en los demás y aceptar las diferencias de cada uno. La obra hace un trabajo competente al presentarnos las particularidades de cada uno de estos personajes porque gasta parte de su tiempo en permitir que hablen de sus aspiraciones, su hogar de origen, los rasgos de su especie, etc. Es como si en un mismo lugar mezclaran personas de diversas clases sociales, etnias y razas, con todo lo que ello conlleva. Si bien esta diversidad no suele ser tanto el motor del conflicto como sí lo es el hecho de que están ante unos desconocidos, entre los cuales uno es un impostor al que se le puede achacar los problemas por los que están pasando. En cualquier caso, este hecho potencia mucho el mensaje de aceptación, unión y cooperación. Al final de la cinta, el cambio de mentalidad en los tripulantes cristaliza de manera adecuada, tras una intensa interacción y resolución conjunta de problemas.
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