

Dragon Ball Z: El último combate (1990) es un película de 45 minutos que narra los últimos momentos de los saiyajin desde el punto de vista de un nuevo protagonista: Bardock, el padre de Goku. De partida, el filme implica una novedad frente a la serie porque ni Goku ni sus amigos están presentes, permitiendo explorar otros personajes del universo de Dragon Ball. Además de ello, este especial juega con ventaja al no estar presentes las bolas de dragón, evitándonos así el problema de la falta de tensión que afectaba a la serie. Sin embargo, lo interesante es que en esta ocasión nos topamos con una historia sobre un destino inevitable: la destrucción de una civilización. Hecho que nuestro antihéroe intentará impedir, aunque sepamos de antemano que la desgracia terminará ocurriendo.
A pesar de que esta devastación iba a tener lugar, lo cierto es que nadie pudo preverlo. Para entenderlo, hay que comprender el contexto de los saiyajines. En algunos episodios de la serie ya nos lo proporcionan, pero el mediometraje también dibuja un retrato básico acerca del modo en que vive esta raza de guerreros. Y digo básico porque sobre sociedad, economía, cultura, organización política y demás tenemos muy poco. El caso es que al ser una raza alienígena con una fuerza innata, la mayoría de los habitantes del planeta Vegeta trabajan como mercenarios, en concreto al mando de Freezer. Gracias a un acuerdo, ellos tienen acceso a tecnología de combate más avanzada (trajes de combate, radares, etc), pero sobre todo consiguen más planetas en los cuales desatar su naturaleza violenta y sus instintos destructivos. Como muestra está la destrucción del planeta Kanassa y sus habitantes, donde el grupo de Bardock se transforma en Ozaru.
Este pacto beneficioso explica que los saiyajines confiaran en Freezer, excepto el rey Vegeta. Sin embargo, la efectividad de los saiyajines en sus misiones y la aparición de guerreros extraordinarios como Vegeta sembraron la semilla del miedo en Freezer. Sin duda, un tema recurrente entre los líderes, que temen lo que no puede ser totalmente controlado o lo desconocido. Como ejemplo de dicha naturaleza desconocida están los kanassianos, seres con un extraño poder que inquietaba al soberano del universo. Desgraciadamente, y a pesar de que es un factor válido para justificar la aniquilación de los saiyajines, faltó un segundo factor: la posibilidad de una rebelión real. Por mucho que Freezer los temiera, en algún grado, seguían siendo un activo muy valioso. Zarbon y Dodoria comentan la primera cuestión sin hacer referencia a la segunda. De hecho, es extraño que ellos participen en la discusión mientras que Freezer solo sonríe. Al final, la decisión más que reflejar temor por la leyenda del Super Saiyan y el potencial saiyajin manifestó arbitrariedad e ineptitud.
No obstante, la imagen de Freezer como un benefactor empieza a tambalearse en Bardock debido a que uno de los habitantes del planeta Kanassa le otorga el poder de experimentar premoniciones. En ellas contempla la destrucción del planeta, si bien se muestra escéptico. Un escepticismo que termina pronto porque los secuaces de Freezer asesinan a todos sus compañeros, convenciéndose de que la premonición es muy real. De estos compañeros, por cierto, al igual que el resto de saiyajin, hay que señalar su nula caracterización. Ya no a nivel individual —ni los nombres nos dan— sino en cuanto a su relación. ¿Tanto costaba ofrecer un retrato que incluyera cómo se llevan entre sí o qué papeles tienen en el grupo? Vale, preguntan por su hijo, pero se podía añadir mucho más. No es de extrañar que la muerte de estos sujetos nos duela poco, aunque para Bardock sea un buen golpe.
Una cuestión importante en las premoniciones de Bardock es, precisamente, su hijo recién nacido: Kakaroto. En un inicio, los “bárbaros” sacan el tema a colación, pero el padre se muestra indiferente. Peor que eso, muestra desprecio porque su hijo es débil. Algo que nos puede parecer horrible, pero dentro de una raza de guerreros que se enorgullece de su fuerza la debilidad es un grave defecto. No obstante, la mentalidad de este hombre cambiará pronto, ya que las visiones le muestran el progreso de su hijo a lo largo del tiempo y cómo se irá haciendo más fuerte hasta el punto en que enfrentará a Freezer en el futuro. Es una lástima que para ello tuvieran que recurrir a un reciclaje de imágenes de la serie en vez de exponer su crecimiento con un montaje de imágenes nuevas donde Bardock interactúa con su visión. De hecho, el instante en que es trasladado a Namek es el único verdaderamente efectivo porque entra dentro de la visión. Por favor, qué cutrez.
Finalmente, el clímax llega con Bardock enfrentando a las fuerzas invasoras de Freezer. En este momento, él no es el hombre impasible del comienzo que solo le importaba luchar y detestaba a su vástago. Por esa razón es que nos importa más su cruzada personal. Pero el final ya está escrito, por mucho que Bardock parezca que tiene alguna posibilidad al derrotar unos cuantos subordinados. Freezer sale personalmente a asesinar al saiyan con una esfera de energía que arrasa con todo. Sin embargo, Bardock recibe una última visión donde ve como Goku enfrentará en un futuro a Freezer. Entonces decide confiarle su última voluntad para que se encargue de vengarle a él y a todos sus camaradas.
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