

Introducción
Cuando alguien como yo reseña una película de culto como Akira no está muy seguro de si podrá sacarle todo lo que le gustaría. Existen cientos de reseñas sobre el filme de Katsuhiro Otomo en mi idioma y es más que probable que muchos me superan con creces. Seguro que hasta habrá alguno que la analizó plano a plano, sin intentar perder el más mínimo detalle. Sin embargo, creo que debo dar mi propia opinión sobre este título, sin dejarme intimidar por el trabajo de otras personas. Al fin y al cabo, mi intención no es elaborar una tesis que deje pasmado a todo el mundo.
Akira fue un título más que importante dentro del anime. En su producción, se invirtieron más de mil millones de yenes, convirtiéndolo en la película de animación japonesa más cara de la historia. Muchas grandes empresas relacionadas con el anime colaboraron para dar vida al proyecto como Kodansha, Bandai o Tokyo Movie Shinsha. No obstante, su recaudación en taquilla fue muy inferior a lo que se esperaba y las compañías implicadas lo pasaron mal con este fracaso inesperado. La reacción internacional, en cambio, fue diferente. La recaudación fue mucho mayor de lo que se esperaba y, como principal efecto, los occidentales empezaron a interesarse de verdad por el anime.
Parte del éxito en Occidente se debió a la excelente animación que mostraba este título. A diferencia de otras series o películas animadas, se prescindió de utilizar técnicas de animación limitada y otros recursos para ahorrar tiempo y dinero. Como resultado, exhibe una fluidez y detalle pasmosos. En ningún momento, de sus más de dos horas de duración, se notan altibajos en la calidad general. En pocas palabras, no tenía nada que envidiarle a las producciones de Disney o Ghibli. Me habría gustado leer la opinión de Hayao Miyazaki, ya que todos conocemos su faceta perfeccionista.
Trama y Desarrollo
El filme también supo sorprender al público internacional por su argumento. Su historia entra dentro de los estándares del subgénero de la ciencia ficción conocido como cyberpunk. Durante los años 80, este subgénero empezó a ganar mucha popularidad con películas occidentales como Blade Runner (1982). No obstante, el anime también estaba desarrollando sus propios títulos a mediados de los 80 como Black Magic M-66 (1987) o Appleseed (1988). Ambas, por desgracia, poseían poco tiempo para desenvolver su trasfondo y se centraban más en la acción. En cambio, Akira tuvo tiempo de presentar mejor las características que definen al subgénero: protagonistas pertenecientes a las capas bajas de la sociedad (Kaneda y Tetsuo), el escenario urbano (Neo Tokio), la existencia de gobiernos represivos (gobierno japonés), la presencia de movimientos antigubernamentales, el tono pesimista y serio, etc.
La película se toma su tiempo en retratar los graves problemas políticos y sociales por los que pasa esta sociedad urbana. Desde manifestaciones y protestas de colectivos desfavorecidos, pasando por pequeños conflictos causados por bandas de motoristas, hasta enormes altercados violentos que provocan una respuesta aún más violenta por parte de las fuerzas gubernamentales. El propio consejo de ministros está ahogado por la falta de dinero, las quejas y la incapacidad para controlar los disturbios. Sin duda, este futuro es poco halagueño. Pero también encontramos otra novedad: los espers, usuarios de poderes psíquicos muy poderosos que en la película reciben un número como nombre. Si en otras obras del género el ejército investiga la tecnología androide, aquí ellos experimentan con este tipo de sujetos para saber hasta donde pueden alcanzar sus poderes. En el caso de Kaneda, este empieza a sufrir alucinaciones terroríficas. De ser él estaría muy asustado porque su vida literalmente está cambiando de una manera incontrolable.
Otro aspecto muy impresionante -en toda la magnitud de la palabra- serían las escenas de acción y destrucción. La película está repleta de ellas. Simplemente no puedes quedarte indiferente ante tal magno espectáculo. La práctica totalidad están protagonizadas por Kaneda y Tetsuo. El primero más por sus carreras de motocicletas y los enfrentamientos con la policía. El segundo sobresale más por los momentos donde desata su poder como psíquico. En esas ocasiones estára asesinando a muchos soldados o causando una destrucción sin límites. Véase, por ejemplo, el choque con el ejército en la ciudad. Ahí la metrópolis se vuelve un polvorín y un caos absoluto, ya que los ataques de los dos bandos están haciendo colapsar edificios, carreteras y puentes. También podría hablar del combate entre Tetsuo y Kaneda, pero se me haría largo. En cualquier caso, la película no se corta en mostrar imágenes de gran violencia con personas desangrándose o su interior esparcido. Lo que sí es reprochable es como la película parece perder un poco el punto con la acción, ya que se enfrasca en escenas de destrucción interminables.
No obstante, Akira no es la obra perfecta que muchos “expertos” quieren vender. Para empezar, hay que partir de que es una adaptación del manga con el mismo nombre, el cual es mucho más largo. Por ese motivo a Otomo no le quedó otro remedio que sintetizarla en menos de dos horas. No es nada fácil adaptar algo de un medio a otro cuando las condiciones y exigencias son tan distintas. En particular, el resultado no fue totalmente satisfactorio por varios motivos. En primer lugar, está el hecho de que no se llega a profundizar en ningún aspecto de todos los presentados. Evidentemente no se puede esperar que una película responda a todas las cuestiones, pero sí debería abordar una o más, dependiendo de sus intenciones. Aquí había varias opciones. Atendiendo a la sociedad, podría haberse centrado más en el movimiento antigubernamental y revolucionario que buscaba un cambio en Neo Tokio. Y en la cara opuesta observar como lidia el gobierno y el ejército con esa situación delicada. Otra idea a la que podrían haber dado más cuerpo sería el propio Akira y el poder que encarna. Mismamente el ejército estaba obsesionado con explicar ese poder y utilizar en su favor una vez avanzaran lo suficiente en la investigación.
Pero cualquiera de esos caminos se desviaría demasiado del hilo argumental de la película. Y peor aún, ¿dónde encajaría el personaje de Kaneda? Si habéis pensado en ello, tenéis razón. Sin embargo, aquí Kaneda tampoco sale bien parado. Él no tiene una relación muy directa con los experimentos, el trasfondo social u otros temas. Su importancia radica en su conexión con Tetsuo. Por eso la mejor opción habría sido establecer de manera adecuada la relación de amistad y rivalidad que existía entre ambos. Y digo consolidar mejor porque en los primeros momentos de la película no se hacen suficientes esfuerzos en dar a entender todos los aspectos de su relación. Por ejemplo, la amistad parece casi unilateral por parte de Kaneda, ya que este se preocupa por la seguridad de su amigo e incluso intenta rescatarlo tras ser recluido en el laboratorio.
En cambio, Tetsuo no parece importarle lo más mínimo esta amistad. En su lugar muestra desde el principio una obsesión por superarlo a cualquier costo. Y el asunto se hace más evidente cuanto más degenera su estado mental, matando o atacando a sus antiguos compañeros por discrepancias infantiles. Tampoco se explora a detalle este complejo de inferioridad de Tetsuo respecto a Akira. Desconocemos los puntos en que esa envidia y sentimiento de inferioridad se transformaron en odio y frustración. Sin embargo, me satisfacen algunos detalles como la obsesión de Tetsuo por obtener la moto de Kaneda, como un símbolo de su posición de líder. Cabe decir que la película intenta arreglar algunas cosas hacia el final, con un par de flashbacks de su infancia, pero el daño ya estaba hecho y para ese punto Tetsuo es un villano con pocas dimensiones y detestado por el espectador.
En cuanto al resto del elenco, siento decir que está bastante por debajo de estos protagonistas tan cuestionables. Sin duda, este grupo de personajes es variado si nos fijamos en aspectos como sus edades, sexo, nivel educativo, profesión o dedicación, funciones, etc. Tristemente todos son tratados de forma demasiado superficial para conocerlos en profundidad. Su caracterización flaquea mucho hasta el punto de que se les dan rasgos genéricos propios de la función que ocupan, pero sin matizar más. Personajes como Kei, Ryu o Nezu pasan sin pena ni gloria a pesar de que son relativamente importantes. En el caso de Kei, casi se puede decir que es una herramienta argumental sin ninguna personalidad definida, sirviendo como interés amoroso e instrumento de los niños psíquicos.
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