
a review by Bizancio

a review by Bizancio
Durante largo tiempo retrasé el ver esta película porque sabía que me encontraría algo difícil de digerir. Y sí encontré algo que prefiero no volver a ver y no precisamente porque sea una mala obra sino porque es difícil presenciar películas tan trágicas. Dudo mucho que alguien tenga este largometraje entre sus favoritos. No es algo que pondría a mis hijos el día de mañana porque hasta al más adulto podría ver herida su sensibilidad. Lo más curioso del asunto es que la historia es muy realista porque el creador del manga adaptado fue una víctima del bombardeo ocurrido en Hiroshima. Es decir, está basado en el testimonio de un hombre que conoce de primera mano los hechos y, por tanto, se incluiría dentro del grupo “basada en hechos reales”. Es algo difícil de asimilar, pero que al fin y al cabo es verdad.
Al mismo tiempo alabo a Madhouse y a los profesionales que trabajaron por atreverse a animar una historia tan dura para los japoneses. Este tema podría decirse que era tabú en épocas anteriores por culpa de la censura ejercida por los americanos y porque el gobierno japonés gestionó mal el asunto, además de que es uno de los episodios más dolorosos de toda la historia de Japón. Se superó la cifra de los 100.000 muertos así que imagínense como deben recordar los habitantes y los supervivientes ese suceso.
La historia básicamente es sobre una familia que trata de sobrevivir a pesadilla que fue la bomba atómica, mientras intenta no perder la esperanza y seguir hacia delante. Prefiero centrarme en los aspectos de la historia en sí misma porque tanto personajes como valores técnicos son menos relevantes, aunque los tocaré más tarde. El tema principal por si no ha quedado claro son las consecuencias nefastas de la guerra, pero concretamente las generadas por la explosión de una bomba nuclear sobre un núcleo de población.
¿Y cómo transmite el mensaje? Pues… de forma muy desagradable como era de esperar. Sin embargo, al principio parece una historia más alegre, aunque sepamos que en algún momento esa alegría se esfume. Por ese motivo se nos proporciona un retrato de la vida cotidiana de una familia común: el padre trabaja en el campo, la madre se ocupa de las tareas de la casa y cuida de que el bebé nazca sano, la hija mayor ayuda a la madre y los hermanos pequeños acompañan al padre y juegan por ahí. El peligro, sin embargo, está ahí porque la familia apenas tiene nada para alimentarse. Eran tiempos donde había cartillas de racionamiento y tocaba esperar que el gobierno enviara paquetes de comida y demás. Aún así durante sus primeros treinta minutos juega con un tono más relajado e incluso cómico en ocasiones porque una historia donde el protagonista es un niño quieras o no actuará como uno de ellos. Incluso cuando llegan las alarmas por la llegada de algún avión espía uno no siente mucha presión encima y podemos ver como después los niños solo están preocupados de alimentar a su madre, robando algún pez o consiguiendo arroz.
Por desgracia –y nunca mejor dicho– comienza el momento culminante de la película: la caída de la bomba nuclear y las posteriores consecuencias. Aquí inicia el mensaje que nos muestra los horrores de la guerra. En verdad es como ver una pesadilla. Se te quedará bien grabado en la cabeza, te lo aseguro. No se corta en un pelo en mostrarte lo que ocurrió en el momento en que la ciudad y su gente recibieron el arma de pleno. Gracias a que los Estados Unidos se reservaron esta ciudad como objetivo, se pueden ver los efectos totales del arma. Miles de personas calcinadas mientras los ojos se les salen de las cuencas oculares y su piel se cae a pedazos. Al final caen al suelo sin vida después de sufrir dolores innombrables. Otros tienen más “suerte” y solo una parte del cuerpo acaba quemada, pero pronto morirán. Todas las construcciones y edificios quedan arrasadas. Desde escuelas y hospitales hasta cualquier tipo de casa familiar, salvándose unos pocos. Brutal y explícito son las palabras más adecuadas para hablar de la manera en que se encarga de retratar esto. Es como estar sufriendo una pesadilla enviada desde algún rincón del infierno.
Pero el horror no acaba aquí sino que a continuación vemos destrucción y muertes en todas direcciones. Es bastante duro ver como la madre y el niño pasean por el lugar buscando comida, pero lo único que ven es gente muerta. Unos apilados en montañas de cadáveres, otros recién muertos por la radioactividad y otros en pleno proceso de sufrimiento. Hasta muestra desfiles de gente agonizando, como si fueran cadáveres volviendo a la vida. Incluso vemos como algunos cadáveres se descomponen y los bichos los devoran poco a poco. En conclusión es imposible disfrutarlo. Solo un sádico podría. Por fortuna ofrece también hacia el final un mensaje de esperanza y positiva que alivia levemente todo ese horror que sufrimos, aunque al final el buen sabor de boca no se puede conservar. Especialmente me gustó la escena en que cuidan a un joven que sufría los efectos de la radiación y que había perdido la esperanza en su familia y los demás, pero que al final llora porque ellos lo trataron como un humano.
De forma general el mensaje queda muy claro, aunque tengo mis peros al respecto. No quisiera comparar mucho con La Tumba de las Luciérnagas (1988), pero es que son del mismo tipo y ella le pasa por encima en la forma en que ejecutan su mensaje. Digo esto porque por dos motivos. El primero de ellos es la transición de tono. Hadashi no Gen hacía bien en anticipar lo que ocurrirá, pero no logra en la misma medida llegar al clímax sin que la transición sea tan brusca. Hasta hacía unos minutos el escenario era hasta algo agradable, pero bum después todo fue deprimente, aunque luego se recuperara la alegría al final. En el largometraje de Ghibli la transición de tono es perfecta. Poco a poco, los ánimos van decayendo y se vuelve todo más y más trágico hasta que llega el mismo final y no contienes más los sentimientos que te desgarran. Es una transición de tono que va de más a menos, llevada con maestría. El segundo de ellos es que Hadashi no Gen tiende a usar el factor shock para mostrar todo este horror en vez de ser más sutil. En varias ocasiones insiste en todo lo malo que ocurre, sobre todo cuando vemos esos desfiles de cadáveres “vivientes”. No dudo que ocurriría así, pero absolutamente todo el rato ocurre así. La obra de Takahata contenía muchas escenas fuertes y momentos de pura depresión, pero siempre sin querer impresionar tan fuerte al espectador sino que a través del drama de los hermanos nosotros ya sufríamos lo que precisamente estaban sufriendo ellos. Los males como la desnutrición o los cuerpos demacrados aparecían las ocasiones suficientes para horrorizarnos sin verlo varias veces seguidas. Además no en desconocidos como la película sino en los propios personajes o personas cercanas. Con menos Takahata consiguió más. Hadashi no Gen dependía mucho del “body horror” y otros tropos para llegar a lo mismo.
En cuanto a los personajes, me resultan demasiado simples para hablar algo substancioso sobre ellos. Cada uno de ellos en esencia juega el rol que le toca: uno el padre, otro la madre, la hermana responsable, los niños traviesos, etc Del que más se podría elaborar es de Gen, quien carga con una serie de ideas como el nunca rendirse o no perder la esperanza. A raíz del conflicto gana sin duda un desarrollo porque pasa a convertirse en protector de su madre y casi cabeza de familia, pero es poco memorable. En el lado positivo y a diferencia de otros animes populares como el conocido Erased (2016), aquí los niños sí se sienten de su edad y no chavales con un comportamiento y razonamiento propios de un adulto. Juegan, se pelean y actúan de forma ingenua o con humor algunas cosas. Sin embargo, en comparación con la Tumba de las Luciérnagas (1988) Gen y su madre salen perdiendo ante la relación que tienen ambos hermanos. No solo porque el foco está centrado casi exclusivamente en ellos sino que Takahata hizo un mejor trabajo en todo aspecto posible, sobre todo en caracterización. Al final, uno recuerda más a estos personajes por la desgracia que les cayó encima que por su personalidad o por algo que hayan hecho.
Hasta que llegó la segunda mitad de los 80, Madhouse no era un estudio muy relevante y en cierta manera la animación y otros aspectos técnicos lo demuestran. No parece que tuvieran mucho dinero apostado en esta película y se puede ver desde la portada. Los diseños de personaje son sosos hasta decir basta. Son adecuados para el tipo de historia, pero hasta ahí. No tienen nada que los diferencia de personajes de otras historias. Son tan genéricos como se puede y eso que creo que en el manga son peores. Los fondos igualmente son muy sencillos y tienen poco detalle. Hasta las producciones más corrientes de mechas les veo mejor en este apartado. ¿El color? Nada especial. En lo que sí destaca es en los efectos visuales, específicamente la escena del bombardeo. Y sin duda consiguieron el objetivo que buscaban: sentirse mal y horrorizado. Sin duda, es de las escenas más impactantes del anime y por ese motivo no quisiera volver a verla.
La banda sonora está compuesta por Kentarou Haneda, célebre por bandas sonoras como Ashita no Joe 2 (1980), Macross (1982) y Space Cobra (1982). El caso de Hadashi no Gen fue diferente al de las mencionadas. Simplemente parecía perseguir el objetivo de aumentar la sensación de malestar y servir a esta atmósfera deprimente. No hay temas que uno pueda recordar porque están en un volumen muy bajo o simplemente son aburridas de oír. No creo que nadie se haya interesado en escuchar esta banda sonora por los malos recuerdos que traería. La única que recordaría con ganas es la canción del inicio porque es de esas motivadoras japonesas que imbuyen fuerza para toda la mañana. El resto quisiera dejarlo en el olvido. Lo que sí no puedo olvidar es la mala actuación de voz, sobre todo para los niños. No solo es que no les proporcionara mucha identidad sino que resultaban horribles de escuchar. Creo que escoger a esos actores de voz fue una pésima decisión.
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