Conspiraciones, soledad, depresión, inconformismo, hikikomoris. Welcome to the Nhk es una serie muy atípica entre un vasto universo de animes conformistas y gentiles hacia la sociedad japonesa. Frente a ellas, se constituye como retrato oscuro y realista dispuesto a reflejar todo lo podrido que pueden estar las distintas subculturas urbanas y la sociedad en general al ignorar a todas esas personas marginadas.
Welcome to the Nhk! nos coloca en los zapatos de aquellas personas, en sus frustaciones y en su incapacidad de volver a andar por el mundo real. Desde Satou y las constantes oportunidades que tiene para abandonar su vida de hikikomori; pasando por Yamazaki, un otaku que debe convivir con la constante intimidación de sus pares por no ser comprendido. Uno de sus puntos más fuertes es que a ellos no los victimiza ni los trata con condescendencia. La serie no es una terapia. Tampoco pretende calmarles la consciencia a sus espectadores. Tal es así, que la solución propuesta para dejar de ser hikikomori es extremadamente directa y prosaica: no hay grandes monólogos ni exploraciones psicológicas ni grandes giros de trama que hagan de esto una historia ajena a los problemas sociales que atraviesan. Los personajes terminan cerrando sus ciclos comprendiendo y adaptándose a las posibilidades que ellos mismos crearon a lo largo de toda la serie, y de esa forma logran asumir sus responsabilidades y entender lo que los rodea.
Esta serie tampoco es un romance ni una serie sobre superación personal, más bien es un retrato de cómo pueden sentirse este tipo de personas. Por lo tanto, los personajes no solo son víctimas de la sociedad, también son responsables de su situación en tanto muchas veces son incapaces de aprovechar las múltiples puertas que se les abren. En este sentido, se puede decir que el tono general del animé es bastante crudo, sin promesas de un futuro mejor, pero sin dejar de evidenciar la necesidad de tomar la responsabilidad de los problemas y afrontarlos. Cada arco representa un cambio sustancial en el estilo de vida de Satou, desde ser un otaku lolicón para crear un eroge, a ser un adicto a videojuegos o un vendedor en estafas piramidales. Todos estos son caminos que usualmente llevan a los hikikomoris a la perdición, y que el protagonista confunde con salidas fáciles a su situación. Gracias a ellos podemos reflexionar sobre lo vacía de esas vidas y sobre el pesar que deben cargar estas personas sin moralismos, con crudeza y explorando sus culpas y necesidades. De este modo, se comprenden tanto las superaciones como las decaídas de los personajes.
El punto más fuerte de la serie tiene que ver con el magistral manejo de los tonos cómicos y dramáticos. Este animé entiende perfectamente cuando ser gracioso y cuando ser serio, pero incluso dentro de momentos serios logra hacernos reír sin tirar a la basura toda la construcción dramática. Cerca del final se puede volver algo deprimente y contrasta bastante con el tono más desenfadado y los recurrentes chiste sexuales de los primeros capítulos, pero aun así la transición sigue sin ser brusca y resulta hasta esperable dado los tópicos que aborda.
En lo que respecta a su producción, hay una de cal y una de arena. La música es el apartado artístico más destacable, teniendo muchas melodías geniales que logran evocar momentos de locura momentánea con otros de gran introspección. Cualquiera que ya haya visto la serie puede reconocer varias de sus piezas musicales con apenas escuchar unos segundos. En lo que respecta a las secuencias de inicio y cierre, tenemos 1 gran opening, Puzzle, y dos endings, donde destaca grandemente el segundo. Desgraciadamente, donde la serie peca es en la animación, teniendo bajones de calidad muy pronunciados a lo largo de todos los episodios. Algunos llegan a tener casi la mitad de sus escenas a medio hacer. Es una lástima, porque éste es posiblemente el único punto negativo firme que se puede llegar a esbozar.
Para resumir, la serie al verla pega muy fuerte, posee grandes personajes, con un contundente mensaje antiescapista, un gran apartado musical y un gran manejo de la comedia y el drama; su único defecto es su mala animación, de la que podría hacer la vista gorda si no fuera tan evidente. Esta es una de las mejores animaciones que tuve la oportunidad de ver y realmente llegó a sentirse una experiencia catártica.
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