Yuzuki-san Chi es una serie bastante fresca dentro de los slice of life purificadores. Al contrario de éstos, nos encontramos en un extraño caso donde la cotidianidad viene acompañada por conflictos familiares reales. Lejos de disipar las particularidades, el sentido de pérdida y las consecuencias de ésta, a medida que los protagonistas crecen, conviven con la cotidianidad y la constituyen. En esta reseña veremos qué tiene de bueno esta obra y por qué considero que hay potencial en el slice of life como género.
Yuzuki san chi, en primera instancia, ofrece historias simples, mayormente episodios autoconclusivos protagonizados por algún hermano. Desde ahí podemos observar los aciertos. En primer lugar, hay una diferencia de edades muy marcadas entre ellos, con excepción de Mikoto y Minato. Eso permite ver distintos puntos de vista sobre un mismo conflicto: desde los problemas de Hayato (el único mayor) para poder trabajar y cuidar a sus hermanitos a la vez; de Gakuto, quién, pese a su corta edad, se da cuenta del esfuerzo de sus hermanos y trata de no molestarlos; Minato, el más inmaduro y sentimental y Mikoto, quién es más sobreprotector. Se evidencia con lo mencionado que las historias son bastantes verosímiles y gracias a ello es fácil empatizar con cada personaje.
El segundo acierto tiene mucho que ver con el primer punto: la sólida caracterización. Todos son muy diferentes entre sí y se vuelven fácilmente identificables. Sus motivaciones y rasgos de su personalidad están correctamente fundamentados por sus experiencias y rol dentro de la familia. Ante los problemas, cada Yuzuki reacciona a su modo y de forma creíble a su edad. Durante todos los episodios podemos entender los pensamientos que tiene cada uno, desde sus frustraciones, debilidades, temores o deseos. Al respecto, la dirección y el trabajo de Shuka ha sobresalido bastante, representando estos pensamientos en muchas ocasiones por medio de técnicas de animación experimentales. De esta forma se consigue que cada episodio te toque el corazón, porque las historias, pese a su simpleza, son absolutamente creíbles e identificables.
Puede que una historia sobre hermanos perdiendo sus padres suene en papel muy deprimente y que todo lo que fui mencionando vaya hacia esa sintonía, pero quiero ir desarticulando ésto. Si bien los episodios son emocionales y en más de una ocasión se te puede caer una lágrima, éstas no siempre se dan por cuestiones tristes. El tercer acierto tiene que ver con cómo retrata perfectamente la superación del duelo a través de la fraternidad. Gran parte del encanto de la sólida caracterización de los personajes tiene que ver con cómo cada uno empatiza con los demás. El tono de la serie consigue estar balanceado entre momentos tristes y superadores, generando una sensación de alta satisfacción al final de cada episodio. Siempre consigue una reflexión sobre valores como la solidaridad, la empatía y la amistad.
Si hablamos de la organización de los caps, podemos decir que los episodios con drama más pesado están al principio, a modo de presentación de la historia. Progresivamente, a medida que los vas conociendo mejor, el tono de la obra se vuelve más amistoso y de comedia. No se pierde en lo absoluto su eje central, pero a esas alturas disfrutás mucho las vivencias de cada uno de ellos. Todo esto nos lleva a decir que Yuzuki resuelve una de las principales dificultades de los slice of life: la monotonía. En ningún momento se siente que la serie se está repitiendo o se vuelve melodramática gracias a que se refresca con momentos familiares graciosos o entrañables.
Si bien hablé bastante de los personajes, quisiera dedicarle palabras a cada uno por separado. Si solo uno de los cuatro tuviera que ser el protagonista, este sin dudas sería Minato. Como ya mencioné, es inmaduro y sentimental. Sus conflictos están más que nada vinculados a la aceptación de la pérdida, puesto fue el más mimado de los hermanos tras ser el menor por tantos años. Al mismo tiempo, su relación con Gakuto permite desarrollar ese lado más maduro. Si hablamos de Gakuto, hablamos sin dudas de mi personaje favorito. Es el más chico y el más grande a la vez dado que a sus 6 años parece de 60 xddd. Su madurez temprana viene acompañada de su conflicto más recurrente: el ver los sacrificios de sus hermanos y sentirse una carga. Mikoto, por su parte, es el más discreto de todos; si algo le tuviera que criticar a esta serie es que se siente más como un personaje de soporte de Minato que ocupa el papel cómico de “el buda que ama a su hermano”. Así y todo, el capítulo 2 explora el cómo nació su amor hacia él. Finalmente, Hayato, “la mamá” de todos. Sus problemas intercalan la vida como profesor y como tutor. Se trabaja mucho el sacrificio que conlleva aquello y eso nos regala uno de los momentos más memorables de la serie en el capítulo 4.
Podemos decir que todos sus personajes afrontan conflictos reales y están perfectamente entrelazados entre sí. Solo quedaría destacar a sus secundarios, la familia Kirishima, que también es clave a la hora de ofrecer otro punto de vista a los Yuzuki, en especial a Uta, la mejor amiga de Minato, con quién hace una muy buena química; y el abuelo, el mejor amigo de Gakuto.
Quisiera terminar hablando del trabajo de Shuka. Desconocía este estudio por completo, pero resulta que son especialistas en este tipo de series y que trabajaron en muchos proyectos interesantes, como Natsume Yuujinchou. En líneas generales, el trabajo es demasiado pulcro, colorido y expresivo. No será una eminencia de la animación, pero no se llega a ver nunca un bajón de calidad. Lo más interesante que tiene para ofrecer el apartado artístico tiene que ver con aquellos momentos donde la serie se anima a experimentar, generalmente en la parte intermedia del episodio, para representar los pensamientos o sentimientos de uno de los protagonistas o bien para algún momento cómico. En aquellos casos se hizo uso de imágenes reales, stop motion, estilos más cartoon, el uso de negativos, etc. Al venir acompañada con alguna escena importante, nunca se llegan a sentirse ajenas al estilo normal de la serie, salvo un caso en concreto.
En resumidas cuentas, la respuesta sobre si me gustan los slice of life es afirmativa. Y hasta diría que me gustan mucho. No obstante, hay que leer bien la letra chica: siempre y cuando consiga contarnos y transmitirnos algo. Yuzuki san Chi es un ejemplo más que adecuado de que tener sustancia y ser un slice of life no son aspectos incompatibles. Muchos SOLs se vuelven aburridos porque, en su pretensión por volverse purificadores, se olvidan de lo más importante: la humanidad. No hay que ignorar que nuestra propia vida cotidiana está llena de pequeños dramas que nos movilizan. Por tanto, un buen SOL es aquel que permita retratarlos y matizar esos momentos de tristeza y felicidad. La calma y la alegría no se llegan a sentir genuinamente auténticos sin aquellos momentos más sentimentales: allí descansa la profundidad de lo más simple. No tengo nada más para decir que no sea que amo esta serie y la recomiendo mucho. Me satisfaría que alguno la viera.
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