Al ver esta serie me di cuenta que ella te lleva a dos rutas posibles: la del amor y la del odio. En este post voy a explicar por qué mi experiencia me fue llevando por el segundo camino. Desde ya empiezo aclarando que esta serie la dropeé; sin embargo, vi 10 capítulos de sus 12. Así que, salvo que en esos capítulos revelen el secreto de la vida, mi reseña no va a resultar tan sesgada en ese sentido.
El hype de los lectores de su manga y su gran episodio me hicieron pensar que estaba frente a una de las mejores series de la temporada. La buena animación y su maravilloso OP y End–sobre todo este último- reforzaban más esta buena primera impresión. No obstante, ¿qué salió mal? Bueno, sin dar más vueltas diré que su principal falencia es su concepto: la serie quiere ser de superación personal y también una comedia absurda, al mismo tiempo; ninguna de las dos funciona.
Empecemos por la primera, la que me hizo querer seguir viendo sus capítulos en primera instancia. El primer episodio presenta excelentemente a sus dos protagonistas y hace mucho énfasis en que a partir de ahora va a empezar una gran historia de amistad: Tadano, un chico normal del que nadie espera algo de él, y Komi, la chica más bonita y popular de la escuela pero que carece de habilidades comunicativas. Toda la presentación de la serie, el modo en que se conocieron y su interacción con la pizarra fue genial. Uno esperaría que a partir del próximo capítulo fuéramos a ver a Komi conocer gente pese a sus dificultades y así superar sus inseguridades. El problema es que en esta serie todos los personajes son capaces de cortarse un brazo por ser su amigo. Ella no tiene que decir una puta palabra para alcanzar su meta de 100 amigos, por tanto, todo el camino de superación personal se desvanece: no hay conflicto ni desafíos. Cada capítulo conoce a alguien nuevo y esa persona es automáticamente su amigo porque sí, sin que ella siquiera tenga que poner algo de sí. Incluso Akebi Chan –serie que estimo aún menos, por las patas- hace un trabajo enteramente superior: sí, todos quieren ser amigos de Akebi, pero ella pone de sí para que las amistades fluyan.
Bueno, el segundo camino era el de la comedia absurda. Si la serie no se toma enserio a sí misma- lo que no está mal-, que al menos haga reír con sus ocurrencias. El problema es que, como ya dije, los personajes son capaces de cortarse un brazo por Komi. El 90% de los chistes giran en torno a que quieren estar con ella a toda costa o de lo bonita que es. Parafraseando al youtuber venezolano Dross quiero preguntarles “¿Dónde está el chiste?, ¿Dónde está la gracia?” Quizá, las ocurrencias más entretenidas son las de Najmi, el mejor personaje de la serie por lejos, ya que manda a Komi a comprar sanguches o café, y es gracioso hasta ahí nomás. Me he reído más con SNK, no bromeo.
Dado que todos sus personajes son una patada en los huevos, salvo Najimi y quizás la chica con síndrome de octavo grado –es una patada en los huevos simpática- no tiene sentido abordar este apartado. Resalto lo positivo: buena música, buena animación y buen ritmo. La serie se estructura en scketches de duración variada, a veces duran poco más de 2 minutos y a veces más de 10, de modo que cada subepisodio se maneja a su tiempo, sin irse demasiado de las ramas. Es una pena que no de gracia. Quiero dedicarle las últimas líneas a la belleza de ending que se mandaron, pocas veces vi secuencias tan bien pensadas audiovisualmente. Del OP rescato las mil parodias hechas en Paint, aunque eso ya es más mérito de aquellos usuarios.
En conclusión, Komi san no puede gustarme.
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