

Promare muestra una historia estilo trigger. La palabra correcta para definirla sería trigger. Considero prudente, a la hora de hacer el análisis, separar las secciones en estas tres principales: la idea, la estructura narrativa y la ejecución.
La idea es muy buena. En los primeros minutos nos encontramos con un mundo que se enfrenta a un fenómeno distópico estilo Shinsekai Yori -aunque la repercusión del detonante no parece tener mucho peso- y hasta establece condiciones en las cuales sucede el fenómeno. Se nos muestra la cotidianidad, intolerancia y posterior destrucción entre las personas. Llegamos al presente, a una realidad no muy distinta de la nuestra. El espectador se pregunta ¿Qué pasó para que no surja el caos absoluto? Además de controlar los incidentes, también se ha aislado a este peligro de personas. Nuestro protagonista, un ser leal al gobierno, cree tener las convicciones para detener a los terroristas. A medida que interactúa con ellos, va descubriendo distintas cosas y degradando su lealtad. Aunque para este entonces existe cierta bajada de línea, llega un punto en el que los protagonistas hacen un consenso. Matan al malo de turno que solo piensa en él mismo y ya (este último paso lleva más de una hora, por cierto).
La estructura narrativa no apunta a contemplar un tema, sino que busca hablar de la llama en nuestro interior, diciéndonos que debemos controlarla pero dejarla salir para que no nos queme por dentro, y también nos dice que las voces nos van a jugar en contra, que pueden ser tanto buenas como malas, deben ser escuchadas, controladas y liberadas con cierto 'honor', etc. Digo que se trata de un mensaje porque el anime textualmente lo dice así y no establece un desarrollo que permita al espectador llegar a esa idea por su cuenta. Este mensaje, aunque simple, se puede interpretar tanto en el plano individual como en el social. Sin ir más lejos, los protagonistas son un benefactor social y un terrorista que terminan haciendo la revolución porque descubrieron que no existía lealtad entre el poder y los ciervos, y que la oligarquía (esos 10.000 sujetos del nuevo mundo) debía caer si se iba a llevar puesto al resto. En este sentido, creo que la estructura narrativa, aunque simple, es ingeniosa al apuntar a dos aspectos de la vida relacionados.
La ejecución no corre con la misma suerte. La película es demasiado larga para lo que quiere decir. Hay demasiada acción, y lejos de resultar gratificante, es invasivo y difícil de tolerar si el espectador no es el público objetivo. La película son prácticamente golpes, 10 o 15 minutos de charla y reflexión (que tampoco aportan mucho) y algunas charlas entre los golpes que hacen interesante al filme. Por si fuera poco, la película es muy ilógica; no ilógica en el sentido de que no tiene sustento real, sino en que muchas cosas se dan por suerte -encontrarse con el científico en la máquina, encontrarse a los terroristas en la cueva, etc- y no existe narrativa que apoye estos encuentros importantes, lo que hace parecer a cualquier recurso como un as en la manga (o lo que es lo mismo, que el universo no establece reglas con las que ser coherente consigo mismo). Los personajes, más allá de los dos protagonistas, el alcalde y la científica (que aún así sobra un poco) no tienen nada que ofrecer. Los primeros cuatro tampoco tienen mucho que brindar, pues son lo que son. Más allá de las ideas del protagonista, no hay mucho cambio como para justificar un desarrollo, y es por eso que la narrativa es muy simple para el pedazo de idea que expliqué antes. De los 4, cada uno asume un rol clave. Sin embargo, decir quién es quien y realizar peleas entre sí no aporta mucho a la narrativa.
La dirección es bastante ingeniosa, y se nota que hubo mucho genio creativo detrás. Sin embargo, puede oscurecer antes que aclarar.
Creo que se quedó muy atrás con sus ambiciones. Las ideas de este estilo suelen reservarse para animes más extensos que dediquen su tiempo en pantalla a detallar sobre los temas. Puede que la película sea divertida (si por divertido llamamos ver un show de luces por más de una hora) o algo del estilo, pero no llega a mucho más que eso. Tampoco aceptaría la justificación de que el anime puede ser divertido o aburrido pero profundo. TTGL o Kill La Kill (la cuál nunca terminé de ver) tienen la misma dirección, crean personajes mucho más carismáticos y profundos y logran ser más épicas y entretenidas que Promare.
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