
a review by FranCavs

a review by FranCavs
Antes que nada, quiero aclarar que no soy muy fan de escribir reseñas, pero sí de hacer pequeños ensayos que resuman lo que una obra me hizo sentir o pensar.
No busquen algo demasiado elaborado: prefiero que se sienta como una charla, como alguien liberando las ideas que le quedaron después de leer.

Es normal creer que cumplir un sueño es cosa de uno mismo. Que basta con proponérselo, insistir lo suficiente, trabajar duro, y algún día se alcanzará. Pero cuando ese momento llega, cuando lo inalcanzable por fin se vuelve real, uno se da cuenta de algo fundamental: no llegó hasta ahí solo por su cuenta.
De eso trata Uchuu Kyoudai: soñar, caer, levantarse… y no estar solo.
Porque nadie llega tan lejos en soledad.
Y ser un “hermano espacial” no es solo tener un compañero con quien compartir una meta. Es tener a alguien que te escuche, que te abrace cuando estás por rendirte, que te empuje a superar los límites que no creías posibles.
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De pequeños, los hermanos Namba vivían por el espacio: lo miraban en la tele, lo dibujaban, jugaban a hacer misiones lunares en su habitación. Hibito se mantuvo firme a ese deseo. Mutta, en cambio, tomó otro rumbo. Su sueño quedó sepultado bajo las exigencias de una vida común y cotidiana.
Y qué valioso es conservar esa mirada de un niño: una mirada llena de esperanza e ilusión, sin miedo a perder. Con el tiempo, es natural que se desdibuje. Pero si hay algo hermoso en hacerse adulto, es hacerlo sin renunciar del todo a esos sueños infantiles. Porque solo así, abrazando la ternura del deseo más puro, es posible llegar tan lejos.
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Mientras más avanzaba con la obra, más claro se volvía algo: en Uchuu Kyoudai no hay elegidos. Nadie es un genio predestinado, ni un héroe perfecto. Salvo quizás Brian Jay, que representa al “astronauta ideal”, el resto son personas comunes, con sus heridas, sus dudas, sus contradicciones.
Y eso es lo que hace que cada pequeño avance sea emocionante. Porque no hay certezas, pero sí una voluntad enorme de seguir. Y porque Uchuu Kyoudai no trata de ser el mejor astronauta del mundo, sino de intentar ser la mejor versión de uno mismo, en compañía de los demás.
En ese camino aparecen muchas figuras inolvidables. Por nombrar los primeros amigos espaciales de Mutta, Kenji, por ejemplo, es un joven padre que intenta cumplir su sueño sin dejar de ser el mejor papá posible. Serika, por su parte, no quiere ir a la Luna: su sueño es investigar para vencer una enfermedad que le quitó a alguien muy valioso. Su meta no apunta a un lugar lejano, sino a una herida cercana. Y así, al perseguirla, se vuelve luz para muchos.



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