
a review by ikzrevan

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Cuando Kaneki murió frente a Arima, lo que buscaba era morir con estilo, perder la vida y ser recordado como una buena persona por sus amigos. Esto, además de ser nocivo para él, es egoísta, porque Kaneki se cierra a recibir ayuda de otros y no considera cómo lo perciben los demás. Kaneki, en esencia, es una persona con depresión, atrapado en el momento y lugar precisos para sufrir una tragedia. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, surge su filosofía del absurdo, que se manifiesta a lo largo de toda la historia: Kaneki acepta que el mundo es cruel, ilógico y desprovisto de sentido absoluto, pero a pesar de ello, elige actuar, luchar y proteger a quienes ama. Esta filosofía puede reflejarse en la frase de “seguir adelante como un cienpiés”: avanzar paso a paso, sin importar cuántos obstáculos o heridas encuentre en el camino, encontrando fuerza en la perseverancia diaria frente al absurdo y al dolor. Su absurdo no es resignación, sino rebelión frente al sinsentido, un acto de afirmación de la vida aun cuando todo a su alrededor se derrumba.
En contraste, Furuta adopta un nihilismo absoluto. Para él, el mundo es un escenario para jugar con tragedias ajenas y propias. La vida carece de propósito y moralidad; su única meta es imponer su visión caprichosa y demostrar que la existencia es esencialmente absurda. Furuta ve la tragedia como un juego, y la muerte, incluida la de Kaneki, como un instrumento para reafirmar su supremacía y sentido de control. Mientras Kaneki busca dar sentido a un mundo absurdo a través de la acción y la empatía, Furuta opta por explotar la falta de sentido para destruir, manipular y dominar, convirtiéndose en la antítesis del protagonista.
El contraste entre ambos se vuelve el eje filosófico de Tokyo Ghoul. Kaneki, aun abrazando la oscuridad y la locura que lo rodea, elige vivir con responsabilidad moral hacia los demás, reconciliando su humanidad con su lado ghoul. Furuta, por otro lado, rechaza cualquier responsabilidad moral, y se sumerge en un nihilismo que busca el caos total. En este enfrentamiento de ideales, el absurdo de Kaneki se convierte en un acto de creación: incluso en un mundo cruel, su vida tiene valor. Furuta, con su nihilismo, busca demostrar que nada tiene valor.
Además, la obsesión de Kaneki con la muerte y su deseo de “morir con estilo” refleja un egoísmo implícito: al centrarse únicamente en su sufrimiento y en cómo sería recordado, bloquea la posibilidad de recibir apoyo de otros, lo que lo mantiene atrapado en su aislamiento emocional. Esta perspectiva refuerza la complejidad de su carácter: Kaneki no solo es víctima de circunstancias externas, sino también de su propia mente, que lucha entre la depresión, la autocrítica y un profundo sentido de responsabilidad hacia quienes ama.
Por eso, cuando Kaneki renace tras la intervención de Hide y asume su destino en el plano físico, integra todas sus personalidades y acepta sus errores y tragedias. Ya no busca morir con estilo; ahora comprende que vivir, incluso sin glamour ni reconocimiento, es un acto más significativo que cualquier muerte espectacular. Su camino refleja el significado de “seguir adelante como un cienpiés”: avanzar paso a paso, levantándose de cada caída, con resiliencia frente a la adversidad, y construyendo sentido a partir del absurdo que lo rodea. Kaneki ha transformado el absurdo en sentido, mientras que Furuta, su espejo oscuro, permanece atrapado en su nihilismo, incapaz de empatizar y siempre separado del significado que Kaneki ha elegido otorgarle a su existencia.
En conclusión, Kaneki no solo es un superviviente: es un filósofo del absurdo, un ser que transforma la tragedia en acción consciente, contrastando con Furuta, cuya visión nihilista convierte la tragedia en espectáculo y caos. Esta dualidad entre absurdo y nihilismo es el corazón del mensaje de Tokyo Ghoul: la vida es cruel y sin sentido intrínseco, pero la manera en que decidimos vivirla y actuar frente a ella define nuestra humanidad.
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