Ésta es una historia un poco triste, no una tragedia, pero sí la típica que, aunque linda, te deja un ligero sabor amargo, esa sensación de que pudo ser mucho más. Es extraño porque no fue una promesa inconclusa o insatisfecha. Supo estar a la altura en sus momentos más importantes. Como serie, representa el típico refrán que dice “muere siendo un héroe o vive lo suficiente para ser un villano”, solo que aquí deberíamos retocarlo y decir: termina siendo la mejor o sigue lo suficiente para ser una triste figura de lo que alguna vez fue.
Karekano no era cualquier cosa. Animada por Gainax (y JC Staff), fue el proyecto posterior a Neon Genesis Evangelion y su película final, la obra maestra del estudio y una de las series más influyentes de la industria. Por tanto, había altas expectativas sobre el proyecto. Es hasta raro pensar cómo Hideaki Anno pasó de dirigir un mecha con un fuerte simbolismo y con una alta psicología de personajes, a una comedia romántica, probablemente de los géneros más trillados y clichés. Sin embargo, esta adaptación propone una exploración diferente. Gainax no reniega de su estilo. Convierte, tanto para bien como para mal, a un manga convencional de romance en una introspectiva obra sobre la maduración, las relaciones y el amor de dos adolescentes. Este punto es clave porque va a detonar una serie de problemas.
La obra presenta la relación entre dos jóvenes que esconden una máscara. Por un lado, Yukino es públicamente la alumna modelo, modesta, inteligente, atlética, social y que despierta la simpatía de todo el curso, mientras que en privado representa todo lo opuesto: narcisista, violenta, perezosa y caprichosa. Por otro lado, Arima también es públicamente un alumno ideal, pero en su interior esconde su debilidad e inseguridad, producto de la muerte temprana de sus padres y la presión que siente de su familia. Si bien en un principio son rivales y sus peores aspectos de personalidad chocan, la relación termina encaminándose en términos románticos.
El romance está completamente alejado de los clichés escolares y del drama que oscila entre lo azucarado y exagerado. Ambos personajes son ejemplos perfectos de tridimensionalidad. Ninguno se caracteriza por unos pocos rasgos ni actúa de forma estereotipada. En su lugar, son personajes que se comportan de forma diferente según el entorno y lo que estén pasando por el momento. Puede parecer difícil que con tantas características positivas y negativas a la vez tengan actitudes coherentes, pero en todo momento se sienten naturales. Influye considerablemente, por una parte, el ritmo de la relación y la percepción de progreso, ya que en 18 episodios Yukino y Arima pasan gran parte de las etapas de noviazgo, distando mucho de la desesperante lentitud del género; por otro lado, la química de éstos es con seguridad uno de las más sólidas que vi, siendo capaces de hacernos reír, llorar o enternecer. En este sentido, Karekano es uno de los romances más realistas, sino el más realista, que existen.
Puedo ejemplificar este punto con el episodio 7, en el que el tutor llama a la familia de ambos protagonistas porque su relación descuidó sus notas. En el episodio se refleja sus arcos de personaje. Por el lado de Yukino, se da cuenta de que, aunque buscara ser la mejor en todo realmente no tenía ninguna meta para serlo, llevándola a una crisis e iniciando un viaje donde descubra qué es aquello que la apasiona. Arima, por otra parte, al sentirse amado comprende que no tiene que fingir por la aprobación.
Si bien se puede hablar mucho más respecto a la pareja protagónica, también los secundarios resultan importantes, aunque conviene aclarar que hay luces y sombras. Por una parte, es interesante el rol que ocupa la familia de Yukino. Muchas veces aportan a la cuota cómica, pero también tienen su espacio en la historia y la misma temática de la serie. En este sentido, el episodio 16 retrata cómo se conocieron los padres de la protagonista. Puede parecer un episodio de relleno, pero resultar ser de los más emotivos, gracias a que cuentan una gran historia de amor y paciencia, que va a tono con la temática de autodescubrimiento y confrontar con el qué dirán. No obstante, este punto sirve para empezar a reflejar las sombras. Una de las hermanas de Yukino es la protagonista del anteúltimo episodio, el 25, con seguridad el peor episodio de la serie y uno de los peores en general. No quiero entrar en detalles, solo preanunciar que llegamos al punto de inflexión.
Las buenas historias tienen héroes y villanos; las grandes, personajes que pueden ser uno u otro dependiendo del lente y el momento. Para explicar la producción y el apartado artístico conviene hacer una tajante división: por un lado, los primeros 18 episodios, a cargo de Hideaki Anno como director, luego, los restantes, del 19 al 26, dirigidos por Kazuya Tsurumaki -salvo el último episodio, que marco el regreso de Anno-. La razón de esto es conocida: la adaptación transformó por completo la percepción de la historia original; Anno la convirtió en un complejo comentario sobre ser uno mismo, sobre las apariencias y los vinculos, y aquello no le gustó para nada a Masami Tsuda, la mangaka de la obra. Las diferencias creativas provocaron un cambio radical en todo sentido, a tal punto que podemos hablar de dos series distintas.
La primera etapa es casi perfecta. Karekano está impregnada de arte y significación. La dirección toma mucho de los recursos utilizados anteriormente en Evangelion. Se utiliza los silencios o tomas estáticas para remarcar la incomodidad entre los personajes o bien aquellos momentos de inflexión en el que los corazones se detiene por un minuto; tampoco duda en utilizar técnicas más abstractas como el uso de marcos, representaciones de la conciencia de los personajes, monólogos internos o el uso de paneles del manga -algo que luego usaría FLCL- en momentos reflexivos, a fin de remarcar las emociones en las escenas. La virtud de Anno es saber crear atmósferas que dimensionen correctamente las emociones que se quieran transmitir. Sus puestas en escena son un sello identidad, ya sea el trabajo de iluminación, los paisajes, carteles o bien paneos de ciudades reales, que crean el efecto de intimidad, contextualizan para que las escenas tengan mucho más peso y funcionan por sí mismas catárticamente. No suele existir un término semejante al de “cine de autor” en las series, pero éste es un caso que perfectamente podría explicarse en estos términos.
Por supuesto, no todo es contemplación, atmósfera y reflexión. La obra también puede ser frenética y usar la experimentación para sus momentos divertidos. Muchas veces los diseños se simplifican para reflejar las maldades de los personajes o bien para crear reacciones más entretenidas, como bien sucede en la ya mítica escena de persecución del episodio 15.
La segunda parte ya desde los primeros momentos significa un cambio de tono: dirección, apartado artístico y rumbo de la historia. El episodio 18 no solo representa el final de Anno como director, sino además el cierre de una etapa de la historia; tal es así que tranquilamente pudo ser el final de la historia por llevar a los protagonistas a sintetizar con claridad cómo es que se sienten. El episodio 19, en cambio, es de los más infames. A partir de aquí la historia deja de tratar sobre Yukino y Arima y se centra en un nuevo personaje, que guarda un interés romántico por una de las amigas de ella. La trama como tal queda completamente inconclusa, con un tímido aviso de “to be continued” en el episodio 26. Retomando con el capítulo 19, éste presenta como peculiaridad el estar animado en su totalidad con técnicas experimentales, tengan o no una motivación narrativa. Con ello se crea un contraste desagradable a la vez que refleja el caos al que las decisiones burocráticas llevaron el proyecto. No solo eso, también esta decisión se vuelve un fuerte distractor para todos los elementos nuevos que trae esta nueva trama.
Por supuesto, el caos no queda relegado solo en un episodio. Ya se ha mencionado el desastre del episodio 25 y se puede ampliar más el descargo con el 24. Lejos de reforzar la visión de los protagonistas tras el episodio 18, termina siendo un recap camuflado. Ya en este punto parecía que Gainax intentaba a toda costa llegar a los 26 episodios, sin importar cómo.
Si bien ya se dijo que el ritmo de la relación es natural y orgánico, distinto resulta el ritmo narrativo. Este punto afecta especialmente la primera parte. Karekano tiene 26 episodios y 3 de éstos son recapitulaciones. Hay que sumar también los segmentos pequeños entre episodios con resúmenes y que algunos episodios tenían extensos flashbacks. Ya sea para reciclar animación o para tratar de llegar a la cantidad de episodios, en muchas ocasiones sus mejores momentos se veían cortados en seco por la extrema lentitud de los recaps.
Otro de los puntos resaltantes de la obra es su banda sonora a cargo de Shiro Sagisu, autor también del OST de Evangelion. Hay ciertas similitudes entre ambas series, en especial con las canciones de The End. Puntualizo en la comparativa porque algunas de las canciones luego fueron reversionadas para el segundo Rebuild. Predominan un tono clásico o romanticista, con muchas melodías de piano y cuerdas que aportan al tono más introspectivo y otorgan una gran carga emocional. En muchos momentos, es la misma música la que habla por sí sola y transmite más que la palabra. El trabajo es impecable no solo por su calidad, sino por la cantidad. Existen más de 6 temas para cada protagonista, cada uno enfocado en un estado de ánimo distinto, añadiendo desde lo musicalidad otra capa de complejidad a los personajes. Recomiendo mucho escuchar la banda sonora, más allá de la obra en sí.
A modo de conclusión, es muy difícil calificar a Karekano. En muchos aspectos es excelsa, con puntos que la volverían de lo mejor que vi, de no ser porque su otra cara es decepcionante. Poéticamente hablando, es fiel reflejo de sus protagonistas: llenos de virtud y a su vez de inseguridades, cargados de buenas y malas cosas. Es una experiencia caótica, pero brutalmente honesta. Desgraciadamente la burocracia, el ego y el dinero convirtieron una primera parte que transformaba por completo un género, lo volvía arte, en algo irreconocible, en un intento de romcom del montón, aunque al final no fue ni arte ni un producto.
La primera parte peca demasiado de recapitulaciones innecesarias: bien toda la trama hasta el décimo octavo episodio pudo contraerse en 13 episodios, eliminando recaps, segmentos de flashbacks y con algún que otro sacrificio. De esa manera, podría decirse que esta historia es una obra maestra. Pero aquello no fue lo que sucedió.
Sopesando todo, no puedo más que recomendarla aun con todo lo malo. Karekano es una masterclass de cómo escribir personajes, tiene muchos episodios que son perfectos –el 4, el 7, el 16, el 17, el 18 y el 26- una banda sonora impecable y está llena de increíbles escenas que la vuelve algo memorable, inolvidable. Por todo esto, la recomiendo, Justifica el mirar luego todo lo bajo. Desearía que esta historia alguna vez tenga una adaptación. Mi más grande fantasía es que su mangaka y Anno se reconcilien y vuelvan a trabajar en este proyecto, ahora bajo la producción de Studio Khara; pero eso nunca sucederá.
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