Esta es mi primera y última reseña. Además de ciertas consideraciones, no pretendo hacer de ella algo especial, pues nació del deseo transitorio de escribir, como quien necesita beber agua, pero con mayor intensidad. Mejor dicho, como la urgencia de saciar una sed insufrible. Es pues una sensación de querer soltar, de darle voz a la melodía que escucho y me susurra con ternura: escríbelo.
Si hay algo que quiero dejar muy en claro, se trata de evitar redundancias tales como la fidelidad del material adaptado, cronogramas y tiempos, o la precariedad de la producción. Serán mencionados cuando yo lo crea oportuno y necesario. Pero no se puede evitar algo sin reconocerlo, y en vista de que todos parecen hacerlo, ahora quiero encargar una pequeña tarea a todo aquel que lea este texto, una tarea absurda la cual, desde la hondura de mi alma, deseo que la medite profundamente.
¿Usted percibe amor? o ¿Usted siente amor?
Por favor, piénselo con detenimiento. Y mientras lo hace, estoy seguro que vendrán a su cabeza recuerdos, paisajes de su infancia, memorias borrosas o, en última instancia, fragmentadas. Mientras hace eso, si usted es mínimamente sensible, habré colado felizmente un sentimiento que, casi con cinismo, llamamos «melancolía». Le suplico nunca olvide ese sentir, y le aconsejo que lo evite romantizar, mucho menos ignorar. Yo espero y creo que al mencionar dicha palabra, de forma casi automática pensará en Tsukihime. Una obra precaria en lo técnico y nacida de el sincero anhelo de compartir lo interior, ese rugir artístico que siente quien lleva el don, pues su misma existencia le obliga a escribir por miedo al olvido, miedo a desaparecer y abrazar a la Muerte, porque es un miedo irracional que escapa la frontera de la vida, y queda pequeño frente a su propia alma.
Déjenme decirles que ese sentimiento lo veo reflejado en el anime. Con toda su torpeza, con toda su humildad y con todo su cariño; no existe momento o detalle que no transmita amor por la obra.
Como bien habrá notado, esto no es una reseña. Acúseme de charlero o pretencioso si así desea. Sucede que siento un profundo asco por el análisis cuantitativo. Me saben a mierda los números y disculpen la expresión, pero no me pidan respeto por un método de castración que convierte el arte en producto, el cine en comida rápida, los libros en estantes con polvo y las pinturas en superficie manchada de colores.
Si por casualidad usted no encuentra sentido a este texto, o no ve la relación con el asunto a tratar: ya tiene la respuesta a la pregunta anterior.
Con toda mi humildad y buena vibra, sea cual sea su respuesta, no deseo menos que el mejor de los futuros para usted, quien me leyó y dedicó unos minutos de su valioso tiempo, tiempo que le recuerdo, es irrecuperable; acepte por favor mis más sincera gracias y buena suerte.
Y recuerde que, aunque usted y su alrededor puedan cambiar, sin importar los años, sin importar las lluvias o sequías; la luna siempre estará brillando en un mar de oscuridad.
Usted siente a la luna brillar, aunque no la vea.
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